9.17.2013

En el café

Me fascina tanto esa manera tan seria, ese modo tan parco e indiferente con el que me tratas. Me inquieta tu cercanía y esa voz con la que ordenas y agradeces, me inmoviliza. No cabe duda de que lo mejor es esa sonrisa discreta y esa mirada huidiza con la que pueblas mi mundo, porque cuando apareces es tan fácil inventarse una vida juntos; son tantos los caminos trazados, que imagino que la felicidad está ahí, contigo. 

8.08.2013

A veces, imagino que te acercarás a la mesa sin hacer ruido: quedita, quedita para llevarte el pan.




"Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida,
y entonces comprende como están de ausentes las cosas queridas."

Armando Tejada Gómez - César Isella

8.07.2013

7.31.2013

Tu imagen merodeaba todos los sitios que visité, no hubo ni una sola ocasión en que no aparecieras. Agradezco que no me abandones, pero te agradecería más (incluso toda la vida), si tu imagen se hiciera carne.

7.29.2013

Y en su andar me perdí eternamente.

7.27.2013



Un perro ha muerto

Mi perro ha muerto.
Lo enterré en el jardín
junto a una vieja máquina oxidada.

Allí, no más abajo,
ni más arriba,
se juntará conmigo alguna vez.

Ahora él ya se fue con su pelaje,
su mala educación, su nariz fría.

Y yo, materialista que no cree
en el celeste cielo prometido
para ningún humano,
para este perro o para todo perro
creo en el cielo, sí, creo en un cielo
donde yo no entraré, pero él me espera
ondulando su cola de abanico
para que yo al llegar tenga amistades.

Ay no diré la tristeza en la tierra
de no tenerlo más por compañero
que para mí jamás fue un servidor.
Tuvo hacia mí la amistad de un erizo
que conservaba su soberanía,
la amistad de una estrella independiente
sin más intimidad que la precisa,
sin exageraciones:
no se trepaba sobre mi vestuario
llenándome de pelos o de sarna,
no se frotaba contra mi rodilla
como otros perros obsesos sexuales.

No, mi perro me miraba dándome la atención necesaria
la atención necesaria
para hacer comprender a un vanidoso
que siendo perro él,
con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada.

Ay cuántas veces quise tener cola
andando junto a él por las orillas del mar,
en el Invierno de Isla Negra,
en la gran soledad: arriba el aire
traspasando de pájaros glaciales
y mi perro brincando, hirsuto,
lleno de voltaje marino en movimiento:
mi perro vagabundo y olfatorio
enarbolando su cola dorada
frente a frente al Océano y su espuma.
alegre, alegre, alegre
como los perros saben ser felices,
sin nada más,
con el absolutismo de la naturaleza descarada.
No hay adiós a mi perro que se ha muerto.

Y no hay ni hubo mentira entre nosotros.
Ya se fue y lo enterré, y eso era todo.


Pablo Neruda

7.12.2013




A sus 13 años perrunos, su fuerza se apaga cada día. Apenas si mueve la cola, apenas si corre; casi todo el día duerme y respira con dificultad. Sólo pido una cosa a la vida y es que se vaya de ella sin dolor.



P.D. Es triste ver como te vas, pero ten por seguro que cuando ambas seamos polvo, el viento nos juntará otra vez.

7.10.2013

"...con esos ojos, más puros que los míos,
perdía el tiempo, pero me miraba
con la mirada que me reservó
toda su dulce, su peluda vida,
su silenciosa vida,
cerca de mí, sin molestarme nunca,
y sin pedirme nada."

Pablo Neruda

6.22.2013

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Admiro la firmeza con la que mi abuelo espera la muerte. Entiende claramente que todo tiene su tiempo: tiempo de vivir y tiempo de morir. Agradece la vida y aguarda paciente la hora.

6.19.2013

Fuimos a caminar entre los cerros, buscabamos el río y en la busqueda nos topamos con muchos tipos de arboles; todos ellos hermosos, unos pequeños y otros enormes. Todo estaba lleno de vegetación, todo expresaba un modo de vida distinto al que yo conocía. Todo me impresionó. La inmensidad de los cerros, los viejos arboles, las grandes piedras, la fuerza del río, los ruidos del viento, los sonidos de los insectos, el vuelo de las aves: todo, todo me hacía sentir pequeña y frágil, pero al mismo tiempo me sentía fuerte y grande, porque estaba siendo parte de algo tan inmenso y maravilloso.